Dormir mal aumenta la grelina, la hormona que dispara el apetito. Al día siguiente comés más, y peor. Y eso vuelve a arruinar la noche.
De todos los hábitos que afectan cómo comemos, el sueño es el más subestimado y el que más rápido se nota.
Qué pasa cuando dormís poco
- Sube la grelina, la hormona que da hambre.
- Baja la leptina, la que avisa que ya comiste suficiente.
- El cerebro busca más energía rápida, o sea azúcar y harinas.
No es antojo caprichoso: es una respuesta biológica bastante predecible.
Qué pasa al revés
Una cena pesada a las diez de la noche te obliga a digerir mientras dormís. El estómago tarda entre dos y cuatro horas en vaciarse, así que la primera mitad de la noche se va en eso y el descanso profundo se acorta.
Tres cambios que valen la pena
- Cenar tres horas antes de acostarte, aunque sea cenando más temprano y no comiendo menos.
- Bajar la cafeína después de las tres de la tarde.
- Media hora sin pantallas antes de dormir. Es la intervención más simple y la más efectiva.
Cenar liviano, sin cocinar
Las cenas de Deliviandas están pensadas para eso: tibias, livianas y temprano.
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