Un menú que está bien pero que no da ganas de comerse no sirve para nada. Uno que da muchas ganas pero está mal armado, tampoco.
Todas las semanas armamos un menú nuevo. No es una decisión estética: es lo que evita que en la semana tres alguien diga «otra vez pollo».
Las reglas que no se negocian
- Todos los días tiene que haber una opción vegana y una vegetariana.
- Ninguna proteína se repite dos días seguidos.
- Cada plato tiene que cumplir la proporción de vegetales, proteína y carbohidrato entero.
- Tiene que haber al menos una opción sin gluten y una sin lácteos en la semana.
Dónde aparece la discusión
Casi siempre en lo mismo: un plato que nutricionalmente cierra perfecto pero que, servido en una vianda y recalentado, pierde. La textura y el sabor a las dos horas de cocinado son un problema real, y la solución nunca es servirlo igual: es cambiar el corte, la salsa o el método de cocción.
Lo que miramos después
Qué se pidió más y qué se pidió menos. Un plato que nadie elige dos semanas seguidas sale del menú, por muy bien pensado que esté. La gente vota con el pedido y ese voto vale más que nuestra opinión.
Mirá el menú de esta semana
Cinco opciones de almuerzo, con opción vegana y vegetariana todos los días.
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