Buena parte de lo que interpretamos como hambre a media tarde es sed, costumbre o una caída de glucemia. Cada una se resuelve distinto.
Primero, lo importante: tener hambre no significa que estés haciendo algo mal. Hay días de más movimiento, de más estrés o de menos sueño, y el hambre aparece.
Antes que nada, tomá agua
Un vaso de agua y diez minutos alcanzan para saber si era hambre de verdad. Muchas veces no lo era.
Si es hambre de verdad
- Una fruta entera: manzana, pera, mandarina, un puñado de arándanos.
- Un puñado chico de frutos secos o semillas.
- Bastones de zanahoria, apio o pepino.
- Una infusión: té verde, manzanilla, jengibre con limón. La taza caliente calma más de lo que parece.
Cuatro meriendas que se resuelven en un minuto y no te dejan con hambre a las siete.
Si es ansiedad y no hambre
Se nota en tres cosas: es repentina, es específica —querés algo dulce, no querés «comer»— y aparece siempre a la misma hora. Ahí lo que funciona no es comer, es cambiar de escenario. Salí a caminar cinco minutos, lavate la cara, poné una canción.
Por qué pasa a las cinco
Si almorzaste algo con mucha harina refinada y poca proteína, tu glucemia subió rápido y bajó igual de rápido. Esa caída es la que sentís como hambre urgente. Un almuerzo con proteína, fibra y un carbohidrato entero suele eliminar el bajón sin que tengas que hacer nada más.
La merienda también viene resuelta
Sumá la merienda a tu plan y dejá de improvisar a las cinco de la tarde.
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